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" La idea es hacer algunos comentarios que vinculen un poco el tema de por qué un país se endeuda, por que se endeudó la Argentina. Algunos comentarios breves sobre la naturaleza del endeudamiento, por qué una economía se endeuda, en el caso particular, porque la economía argentina se endeuda, porque en general...hay una especie de sabiduría popular que atribuye el endeudamiento externo argentino a una especie de teoría conspirativa de algunos malos o a fenómenos de corrupción cosas que son ciertas, pero que no explican por sí solo, ni mucho menos son el motivo fundamental de por que un país se termina endeudando de la manera y en la naturaleza en que la Argentina se endeudó. Algunos comentarios sobre este tema... También al mundo le parece importante precisar, por lo menos tratar de precisar, en que contexto de régimen de política económica la Argentina puede hoy pensarse hacia adelante. Cuales serían las condiciones macro que le permitirían pensar hacia delante una salida razonable para un montón de los problemas que plantea Irene que exigen solvencia fiscal por cierto. Y el tercer tema pero muy breve, también un comentario sobre las nostalgias argentinas, porque la Argentina parece ser..., los argentinos da la impresión de que vivimos con algunas nostalgias, yo digo, algunas nostalgias de derecha y algunas nostalgias nacional populares, para decirlo de alguna manera, y bueno...y como mezclamos estas nostalgias con el desafío del futuro. Entonces breve.
No hay duda de que la Argentina se endeudó porque hubo un falso, por definirlo de alguna manera, proyecto de modernización capitalista para la Argentina. Se endeudó porque el régimen de política económica que se diseñó fue pensado a partir de una idea de cómo debería funcionar el capitalismo en la Argentina. Y esta idea central que empezó a definirse con la disrrrupción del sistema democrático a mediados de los setenta y el ingreso de la dictadura, militar definió con absoluta claridad que el capitalismo argentino prevendario sustitutivo de importaciones era un mal modelo de desarrollo capitalista. No voy a entrar acá en este debate por qué ésto se discutió de esta manera. Lo que queda claro es que a mediados de los setenta se inicia un proceso denominado de modernización capitalista, cuyos ejes centrales son: que el verdadero asignador de los recursos pasa por el Mercado, que la Economía tiene que descentralizase por los mercados, tiene que estar desregulada, que la Economía tiene que funcionar base a una lógica que se supone es la lógica del capitalismo exitoso de los países avanzados. Obviamente, este es el discurso liberal en la Argentina, pero quiero decir que este es el discurso de la modernización. ¿Por qué es un discurso de la modernización? Porque lo que se dice que está atrás de esto es que naturalmente si esto se hace bien la Argentina va alcanzar el nivel de vida de los países desarrollados, el nivel de ingreso per cápita y de distribución del ingreso de los países centrales. Entonces, la modernización que se le presenta a la sociedad argentina está asociada a la idea de un Capitalismo exitoso parecido al de los países centrales.
No quiero entrar a discutir acá que porcentaje de la sociedad compró o no compró ésta idea, digo, esto fue como se la presenta. El modelo critica el modelo de desarrollo anterior y propone un nuevo modelo asociado a este estilo exitoso del capitalismo.
En los noventa incluso, con el denominado consenso de Washington, que son las reformas estructurales en toda el área latinoamericana, implican un catálogo de las mejores prácticas que deberían hacer los países para entrar de lleno en la modernización capitalista, que son: la privatización de empresas públicas, la desregulación económica y una economía descentralizada por los mercados, es decir la presencia de un Estado mínimo que garantice el cumplimiento de los contratos, que como decía Jaime, es base de una economía Capitalista. Primero marcar esta cuestión. La Argentina entró de lleno en un falso dilema de modernización capitalista que le fue planteado y que en mi opinión perdió una parte no menor de la opinión pública y del sentido común de mucha gente en la Argentina. Este era el derrotero de la transición hacia un Capitalismo moderno.
Segunda cuestión. En el caso particular de la Argentina, por los problemas de crisis fiscal y crisis de hiperinflación vividas a finales de los ochenta se pergeño incluso un mamarracho jurídico impresentable denominado ley de convertibilidad, que atribuía un fenómeno sensacional que resolvía todos los problemas de la Argentina, que era fijar la relación de productividad entre la economía Argentina y el reto del mundo , en particular la norteamericana de por vida y en forma permanente y que esa relación de cambio de productividades era uno por uno. Esto se llamó ley de Convertibilidad. Con lo cual la reestructuración Capitalista en la Argentina adquirió ribetes dramáticos porque la reestructuración exigió un readecuamiento productivo que todos hemos vivido. Y esto se lo presentó con gran euforia como el verdadero motor del cambio histórico en la Argentina. A inicios de los noventa éste era el discurso. Lo que hizo la Argentina, hicieron otras economías, pero lo que fue particularmente dramático, fue un modelo de desarrollo y de reestructuración capitalista que al tener el eje central en una plena apertura del mercado de bienes y servicios a la competencia internacional y una irrestricta apertura por el mercado de capitales, lo que promovió a lo largo de toda la década fue una incesante apreciación de la moneda local, dicho en otros términos, la relación de la economía argentina con el resto del mundo empezó a ser fuertemente deficitaria porque empezó a demandar más bienes y servicios del resto del mundo que lo que la economía argentina vendía. En este contexto, la primera mitad de los noventa le permitió financiar este estilo de desarrollo basado en un tipo de cambio fijo, insisto, con apreciación de la moneda local, gracias a la venta de los activos públicos. El gran secreto de la financiación de la primera etapa de los noventa fue que la Argentina vendió empresas públicas y tuvo un fuerte ingreso de capitales de corto plazo por este movimiento de libertad irrestricta de capitales que le permitió recibir ingentes capitales especulativos de corto plazo a lo largo de los primeros años de los noventa. Hasta aquí el modelo era maravilloso y le permitió al gobierno en ese momento ganar una elección con relativa comodidad y sencillez. Lo que ocurre es que este déficit de lo que la economía argentina y todos los residentes en este país empezaban a generar con relación al resto del mundo, cada vez que uno tiene déficit, que está ingresando más de lo que está gastando, alguien lo tiene que financiar.
En el caso argentino, el financiamiento del déficit de ésta economía con el resto del mundo empezó a ser un problema de deuda privada y pública, pero de deuda, no importa discutir ahora si es pública o privada. Alguien tenía que financiar la diferencia del déficit, lo que se denomina cuenta corriente argentina, que para que tengan alguna idea, equivalía aproximadamente, acumulado a lo largo de los noventa, cien mil millones de dólares. La contrapartida de este descomunal déficit del sector privado, fundamentalmente, en su vinculación con el resto del mundo equivalió a un incremento de deuda pública y privada en esa magnitud. No había vuelta. Adicionalmente, la reforma del sistema de seguridad social que implementó el gobierno en ese entonces, provocó un déficit adicional en todo el sistema de seguridad social, cercano a los cuarenta mil millones de pesos que obligó al Estado nacional a contraer deuda para su financiamiento. ¿Qué quiero decir con ésto? Quiero decir, que más allá de todas las discusiones sobre corrupción, fuga de capitales y todo lo que queramos discutir, que después lo podemos ver, lo que yo quiero destacar acá es esto: Primero, una falsa modernización de qué se pensaba que debería reestructurarse el capitalismo argentino; segundo, el modelo implementado en la lógica de su desarrollo, inevitablemente nos conducía a un fuerte endeudamiento externo, como nos pasó en la mitad de la década de los setenta con la crisis de la deuda del año 82, que en este caso estalló con el default mejicano, el cese de pagos de Méjico, pero que la Argentina también tenía. Porque cuando uno tiene déficit en la cuenta corriente acumula deuda pública y privada, que es lo que financia ese déficit. Cuando la crisis se hizo evidente en el dos mil uno, porque todos los indicadores de perfomance de la economía argentina eran gravísimos, la discusión era cómo se seguía. Y el como se seguía también marca el nivel de desorientación de la sociedad argentina sobre la solución a sus problemas. Porque en realidad las propuestas que se plantearon a lo largo del dos mil uno era: continuar con el modelo como estaba tratando de encontrar alguna solución fiscal que lo resolviera, digo el déficit cero de Cavallo, para tener idea de lo que estoy diciendo, hasta morir, y de hecho fue lo que nos pasó. Como todo modelo insustentable si no se sale a tiempo, estalla. Pero ahí creo yo que viene la primera cuestión central de mi primer comentario. Lo que estalló es un modelo de reestructuración capitalista en la Argentina, estalló, se hizo pedazos. Y con ello se hizo pedazos la ideología que le dio sustento a esta visión del mundo, visión de la historia y de la economía argentina que había premiado a ésta sociedad en los últimos veinticinco años. Estalló todo.
Lo que no quiero decir con esto es que inmediatamente surgió algo en reemplazo, digo, estalló una manera de entender cómo se tenía que reestructurar el capitalismo en la Argentina porque como fue armado este modelo nos llevaba naturalmente a un estallido fruto de las condiciones sociales que describió Irene, en la reestructuración productiva de los noventa, y a las condiciones de vinculación de la economía argentina con el resto del mundo con un modelo de tipo de cambio fijo como tuvimos con la Convertibilidad, que nos llevó a acumular déficit permanente, hasta que esto no aguantó más y estalló. Entonces, primer comentario: la deuda es fruto de una decisión política que la Argentina, y no importa discutir aquí en este momento quiénes ni cómo ni dónde, decidió como reestructurar su Capitalismo. Abjurando de las historias pasadas y reconociendo que el modelo de desarrollo sustitutivo de importaciones no era un modelo de cierre. Este es el primer comentario que quería marcar para entender dónde estamos parados.
El segundo comentario: la salida de la crisis. La salida de la crisis, yo diría, fue penosa y dramática porque era claro que los que querían dolarizar la economía lo que no querían era tener pérdidas patrimoniales en sus balances. Ustedes saben que cuando uno tiene que transferir los activos y pasivos de uno a tres pesos, esa diferencia afecta al patrimonio y cuando el patrimonio se torna negativo los propietarios y accionistas tienen que poner capital para reponer los índices de solvencia. Esto fue claro en el sistema bancario donde todos los bancos extranjeros pugnaron duramente por dolarizar la economía, como todas las empresas de servicios públicos privatizadas, que estaban fuertemente endeudadas en dólares con obligaciones negociables emitidas en el exterior en dólares, porque la devaluación les originaba una pérdida patrimonial significativa, porque ellos habían hecho éstas deudas con un seguro de cambio gratuito que les había ofrecido el gobierno argentino, que era el uno a uno. Como todos saben el riesgo de descalce de monedas, cuando uno toma deuda en una moneda que no es la doméstica, corre por cuenta y riesgo del que toma la inversión o el que toma la deuda. En el caso argentino, la Argentina con la ley de convertibilidad, insisto, ese mamarracho jurídico, le garantizaba a todas las empresas privatizadas, la salida uno a uno. Por eso querían dolarizar. La salida fue la pesificación que es la inversa de la dolarización. La recuperación de una moneda doméstica, de una moneda nacional, que cumpla las tres funciones atribuidas al dinero que es medio de pago, reserva de valor y unidad de cuenta. Pero la salida fue, insisto, dramática y desprolija. Incluso la pesificación asimétrica fue fruto de enormes presiones sectoriales, porque la Argentina abandonaba un modelo de reestructuración de su economía, después de veinticinco años, sin saber bien para donde ir. Y esto me parece que es distintivo de la anomia y de la falta de respuestas políticas sensatas que vivimos en diciembre del dos mil uno en plena crisis terminal, donde incluso toda la dirigencia política absorta miraba como se caía un gobierno sin tener ninguna respuesta razonable a la crisis. Atravesamos por cinco presidentes; incluso hasta los primeros dos meses de gestión del presidente Duhalde la calidad y la anomia de lo que sucedía en la sociedad era fuertemente preocupante. Creo que lo que tenemos que tener claro en este caso también, con este tema vinculado con la deuda, es que habíamos declarado el default unilateral de la deuda, en un acto que no voy a juzgar, entre esos presidentes que estuvieron dando vueltas dos días por la casa rosada; uno dijo "no pagamos la deuda".
Vuelvo, primer comentario: se derrumbó un modelo de reestructuración capitalista en la Argentina y tenemos que discutir uno de reemplazo. Ese modelo nos llevó a contraer deudas espectaculares. Uno hizo crisis en el 82' y lo pagó Alfonsín con la hiperinflación del 89'. Oro hizo crisis en el dos mil uno y lo pagó De la Rúa con una echada vergonzosa y con la peor redistribución regresiva del ingreso y las condiciones de vida de nuestro pueblo de que tengamos memoria, como bien acaba de describir Irene.
Este es el contexto en que el gobierno -y creo que Jaime lo describió con toda claridad- esta discutiendo la nueva reinserción de la economía capitalista argentina en el mundo, que de esto se trata, bajo qué condiciones vamos a reinsertarnos en el capitalismo y bajo que condiciones razonables podemos esperar hacia delante que reestructuremos, ahora sí, en una dirección diferente que nos permita mejorar fuertemente los niveles de vida de nuestro pueblo. Hago expresa mención de esta cuestión porque me parece que, entender entonces, que lo que vivimos fue el fracaso de un proceso que duró veinticinco años que prometió una determinada modernización del capitalismo en línea con la hegemonía ideológica del liberalismo en todo sus sentidos y que perdió a los partidos populares en la Argentina que se hicieron cargo de ese discurso y gobernaron con ese discurso. Los dos partidos populares más importantes gobernaron bajo ese discurso y esto ha sido grave porque marca el nivel de deterioro general de la política en Argentina; por eso también la salida de esta crisis nos pone en una situación inédita, donde los partidos políticos populares todavía no acaban de recuperar su credibilidad en el pueblo porque tienen un fuerte anclaje en lo que pasó en el pasado reciente y esto es un dato que debemos registrar. Ahora bien, Jaime discutió en que contexto esta discutiendo este gobierno la deuda y yo creo que..., sobre esto quiero mencionar dos pequeñas nostalgias que me parece que yo veo asomar siempre en el discurso. L nostalgia Grondona: la nostalgia Grondona es de los sectores conservadores tradicionales de la Argentina que es volver a esa Argentina inédita, una pampa fértil y despoblada que se encontró como proveedora de bienes y salarios de la economía capitalista triunfante en el mundo en el siglo XIX que era la economía Británica. Esto es, una economía suministradora y especializada en recursos naturales y proveedora al mundo de ésto. Esta es la nostalgia de la generación del ochenta que a veces uno escucha en algunos programas de televisión y que se describe como "¿qué es lo que tenemos"; son las ventajas naturales y competitivas que tiene la Argentina; y con eso fuimos un país exitoso. Se recuerda el éxito del país conservador. Yo el único rescate que a veces hago entre los conservadores del ochenta y éstos, es que aquellos creían en el progreso y eran positivistas y éstos creen en el mercado, quizás no sea exactamente lo mismo.
Esta es la nostalgia a lo Grondona que está presente, hoy disminuida, desvalorizada, porque la derecha quedó muy golpeada en la Argentina con el fracaso..., con el derrumbe del dos mil uno, porque todo el proceso de convalidación de la idea de que el Capitalismo exitoso era solamente esa manera de pensarlo, como se lo pensó en los noventa, se derrumbó; y por lo tanto hay que construir un discurso alternativo a ese...es muy difícil de hecho las limitaciones que tiene el señor López Murphy para intentar construir algo que le permita diferenciarse de lo que fue todo este proceso de reestructuración. Entonces, la nostalgia a lo Gondona es volver al país conservador, especializado en recursos naturales; dicen que la Argentina no sabe hacer otra cosa que vender soja, `seamos sojadependientes, recursonaturalesdependiente, exportemos minerales y algunas otras cosas que podamos´. Esta es la primera nostalgia. ¿Por qué digo nostalgia? Porque se supone que la Argentina fue exitosa con eso. Uno puede discutir si lo fue o no, pero hay una nostalgia.
La segunda nostalgia es ¨la nacional popular¨, la quiero describir. Es, como todo el mundo me conoce, no soy para nada disimulado, es mi nostalgia, porque vengo de esa nostalgia. Significa un país industrial, con sindicatos fuertes, donde la distribución del ingreso, en vez de discutirla a través de un ingreso ciudadano, se discutía en las fábricas porque las peleas por los aumentos de la productividad se discutían entre salarios y beneficios en convenciones colectivas de trabajo, una economía con pleno empleo y una economía que garantizaba salud y educación para toda la población. Esa es la nostalgia, digamos, sesentista, por no decirlo en otros términos. Ahora, esta nostalgia sesentista es nostalgia también, porque ese mundo que vivimos, tampoco vuelve y esto es una cosa que hay que aclararle a mucha gente. No podemos volver a los sesenta, no hay manera en este mundo de volver a los sesenta.
Entonces, ¿cuál es el desafío hacia delante, si la Argentina, como esperamos todos, y este gobierno, conseguimos reestructurar razonablemente la deuda a pesar del g siete y el g veinte con el que hoy estuve discutiendo con Jaime en el almuerzo? ¿Qué podemos esperar? ¿Cuál es el camino capitalista posible para la Argentina, que nos permita tener un perfil de especialización productiva, que integre cadenas de valor agregado internas que nos permitan mejorar fuertemente la calidad del empleo formal, donde se dan las mejoras de competitividad y de productividad, donde nos permite discutir la distribución del ingreso porque los aumentos de productividad van a salarios y a beneficios. Que de esto se trata en el capitalismo con un estado mas fuerte y mas sólido que con políticas sociales compensadoras y con políticas universales de salud y educación pueda garantizar una distribución del ingreso razonablemente mejor que la hoy tenemos. Si la discusión de la deuda nos permite despejar el camino, la discusión central es cual es perfil de especialización viable en este país en el marco de las discusiones que tenemos que darnos con Brasil que ustedes saben son decisivas en esta discusión. Estamos entrando en un proceso de discusión global de nuestra vinculación comercial con nuestro principal socio, porque fruto de los horrores cometidos por la argentina de los 90, de cómo firmamos en tratado de Asunción , peor como Cavallo firmó el "Tratado de Ouro Preto", con una reducción generalizada de aranceles, sin cláusulas de salvaguarda salvo una lista de productos sensibles que rápidamente bajaban a cero en sus aranceles, y sin ninguna discusión sobre como se direccionaban inversiones entre las dos economías, lo único que hizo fue promover un direccionamiento intenso de la inversión hacia Brasil perjudicando a la Argentina. Es estas condiciones, hoy tenemos que rediscutir con nuestro principal socio estratégico las condiciones de integración productiva industrial y agropecuaria, entre las dos economías. Acá esta en parte juego, esta idea de que cadenas de valor agregado podemos tener domésticamente que nos permitan mejorar fuertemente la calidad del empleo.
La segunda cuestión, es cómo nos vamos a enfrentar ante el mundo. Si vamos a seguir una posición deficitaria de nuestro comercio o necesariamente la argentina no puede volver a repetir la experiencia de financiar con endeudamiento que gastemos 10.000.000 de dólares por año en turismo en Europa o que vayamos a Miami. Si esta este financiamiento viene para que viene, si viene inversión directa para que viene. Esto afecta seriamente a los centros urbanos, y yo creo que en argentina vamos vivir y estamos viviendo un conflicto entre lo que los centros urbanos demandan y la otra argentina la de las economías regionales esta viviendo y las expectativas que tenemos que satisfacer. Por lo tanto, resuelto y despejado el camino de la deuda, coincido con Jaime , nos va a llevar todavía medio año mas la argentina tiene que darse el debate necesario de que reestructuración capitalista es viable en el marco de lo que yo llamo la justicia social que todos sabemos que es el marco adecuado de empleo y distribución del ingreso. Me parece que esta debate lo vamos a dar aca en la Fundación, lo tienen que dar los partidos políticos que deberían recuperar la centralidad del debate ideológico político en argentina del cual abdicaron a lo largo de los últimos años. Por que este es un debate que ataña al destino de la sociedad y lo tiene que plantear centralment5e el gobierno nacional por que la responsabilidad histórica que le cabe, y para eso lo hemos votado, es precisamente plantear el debate definir las estrategias y avanzar en esta dirección. Teniendo claro cual fue nuestra experiencia de reestructuración salvaje que hemos vivido en los últimos 25 años. Nada mas, gracias. Aplausos. |