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La educación siempre ha sido para la ciudadanía y para la vida en sociedad un imperativo categórico para la formación del individuo.
La excelencia educativa debe entenderse como la formación integral del sujeto en función de un modelo económico y social que permita la igualdad de oportunidades, sin exclusión, y que apunte a consolidar la democracia, la identidad como Nación, la productividad y el crecimiento, para la integración y la justicia social...
Se debe garantizar, mediante el Presupuesto Nacional que contemple las reales necesidades de un sistema educativo, para que existan escuelas en buenas condiciones edilicias, docentes remunerados adecuadamente y un equipamiento tecnológico que permita enfrentar los desafíos de la actualidad, formando a los alumnos para la vida y para el trabajo.
Es necesario mejorar la calidad de la educación, para que todas las personas logren una formación importante, ya que cada vez es más notorio el distanciamiento de los ingresos entre aquellos trabajadores que tienen una educación precaria, ineficiente o primaria con aquellos que tienen una educación secundaria o terciaria.
Este aumento relativo de los ingresos de los trabajadores con educación superior, refleja una creciente demanda de especializaciones, motivada en gran parte por la proliferación de nuevas tecnologías.
Esta creciente demanda de mano de obra calificada ha valorizado la educación superior y la técnica como factor de crecimiento en todas las actividades productivas, ya que la formación de una fuerza laboral con calificaciones superiores constituye un elemento clave para mejorar las inversiones en todas las actividades económicas, y así, lograr una ventaja competitiva que permita un importante crecimiento económico.
En estos momentos estamos frente a un doble desafío: Por una parte, todos reconocemos la importancia que la educación tiene en la determinación de los ingresos de las personas y de los hogares. Pero, al mismo tiempo, es el ingreso de los trabajadores el que condiciona en gran medida las oportunidades de educarse con que cuentan las personas.
Esto nos pone frente a la difícil tarea de romper este círculo vicioso de escaso nivel educativo (pobreza presente) y la falta de oportunidades educativas y de trabajo, para sus hijos (pobreza futura).
Por lo tanto, se debe apuntar a mejorar la cobertura, la eficacia y la calidad de la educación en general, no solo para ampliar la inclusión social sino también para impulsar el crecimiento de la producción, utilizando avanzadas tecnologías y añadiendo así más valor agregado a lo producido. Por todo esto y mucho más, es importante la educación, pero principalmente: - para el crecimiento de la economía en general - para el logro de una mejor distribución del ingreso - y para una mejor calidad de vida.
La conclusión a nuestro tema de hoy es la siguiente:
Debemos integrar la educación a todas las áreas estratégicas de nuestra sociedad, para lograr así un desarrollo sostenido y sustentable, que nos permita avanzar en un proyecto conjunto que aporte a la transformación social, apuntando a desarrollar nuevos contenidos que provoque cambios sustanciales en la educación, en el trabajo y en la cultura de los pueblos.
De esta manera concebiremos personas con un nivel educativo suficiente para desempeñarse activamente en la faz laboral, mejorando la actividad productiva con sus conocimientos, permitiendo así el crecimiento de la economía, mejores ingresos y un compromiso con su medio social y con el desarrollo del país.
La educación sigue siendo sin lugar a dudas uno de los pilares fundamentales para el desarrollo de la economía, y como contrapartida, para un mejor bienestar de la gente.
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