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Estar siendo es la manera en que entendíamos y entendemos la vida. Estar siendo en el 78 era estar luchando contra la dictadura, así Fernando, Alejo, la Negrita, Cristina y yo, nos habíamos reagrupado a fines del 77, armado un equipo de "prensa" que equipamos con máquina de escribir, mimeógrafo manual, exténciles y aerosoles para las pintadas. Cada uno de nosotros trabajaba como operario en distintos talleres y fábricas; todas las tardes armábamos los volantes y los dípticos que arrojábamos en puertas de fábrica, talleres ferroviarios y facultades. Salíamos siempre de a 2. Una de nuestras mayores medidas de seguridad era no parecernos, mimetizarnos con la gestualidad y la apariencia de "ellos y de ellas". Los compañeros, bigote recortado, pelo corto, saco y corbata; las mujeres, empilchadas con lo mejor que teníamos. Una tarde, reunidos con Jorge Gullo discutíamos "qué hacer" en el marco del Mundial 78. El método del terror de la dictadura: secuestro, tortura y desaparición de miles de compañeros y el manejo concentrado de los medios de comunicación justificaba el "por algo será" e instalaba: "los argentinos somos derechos y humanos" , "Argentina campeón" con presencia permanente en la calle en calcomanías expuestas en miles de autos. Sabíamos que la estrategia de la Dictadura era utilizar el Mundial de fútbol para legitimarse. Tenían todas las de ganar. Con mayor legitimidad se allanaba el camino para el plan económico de Martinez de Hoz, conspicuo representante de la Sociedad Rural cuyos lemas eran: "Achicar el Estado es agrandar la Nación" "la Argentina no debe fabricar ni caramelos". Así con todas las de perder, pero convencidos que había que romper la impunidad legitimadora, salimos a pintar en subtes, trenes y muros: "Argentina campeón, Videla al paredón- Montoneros " , "Argentina 10 - Dictadura 0 -Montoneros". Mientras los compañeros volanteaban en la cancha, lograron colgar un cartel que llegó a ser televisado. Fuimos parte de la multitud que se concentró en Plaza de Mayo para festejar el triunfo, llevamos un enorme "Clemente" que Alejo había fabricado con una frase que ironizaba a la Dictadura. Me acuerdo que alrededor del cartel se fue congregando gente que sumaban a otros con otros carteles y algunas banderas. Así, sorprendidos, mirándonos por lo bajo, casi sin hablarnos, empezamos a vocear "vamos al Sheraton". No sé cuantos eramos, pero calculo que muchos tenìamos en la memoria y anudado en la garganta aquella consigna militante: "¡¡Qué lindo, qué lindo, qué lindo que va a ser el Hospital de Niños en el Sheraton Hotel!!" Estábamos ahí frente a las puertas del Sheraton, cuando la patota salió a enfrentarnos, desenfundaron y nos apuntaron. Me acuerdo especialmente de uno, con ojos de verdugo, la mirada vidriosa cargada de odio. Debía tener una bala en la recámara, apuntó decidido a disparar. Alguno de ellos lo detuvo, era "desprolijo" dejar un muerto en el Sheraton, lleno de turistas en medio del festejo del Mundial. Quiero rendir homenaje a los dos héroes de esta historia que, tiempo después, por resistirse a ser secuestrados, torturados y desaparecidos, fueron asesinados por los genocidas "grupos de tareas" de la ESMA: Fernando Diego Menendez y Alejo Mallea. Magui Gagey
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