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SUCEDIDOS en la década del ´70
Dardo hacía un tiempo que recorría el barrio tratando de conectar a los viejos peronistas, buscando el modo de encaminar la política. Estudiaba en la Universidad pero no le atraia la actividad política estudiantil. Ni la política universitaria ni la del barrio eran fáciles en 1969; ser joven, peronista, con gobierno militar, donde todo estaba prohibido desde usar pelo largo hasta nombrar a Perón, no era para pensar en hacer "carrera" política.
En esos días ya estaba conectado con otros grupos de juventud de barrios cercanos. Fueron varias reuniones, discusión sobre coyuntura, estrategia de Perón, el Cordobazo, los otros azos y fundamentalmente sobre el camino a seguir, largas discusiones en las que no era fácil ponerse de acuerdo. Estaban los insurreccionalistas, los que confiaban en algún militar amigo, los que apoyaban a las FAP, los que pensaban en los Uturuncos, pero eso sí nadie creía en la posibilidad electoral.
No se dudaba de que el peronismo ganara las elecciones. Pero si no se hacía con la fuerza suficiente, no sólo electoral, la experiencia reciente y lo sucedido desde 1955 les demostraba que eso no iba a durar.
Así que mientras seguían estas discusiones se decidió hacer un acto político. El 26 de julio, aniversario de la muerte de Evita era la fecha más cercana. El barrio de Dardo fue el elegido, todos iban a convocar gente, algunos a preparar los volantes, otros a conseguir una camioneta. Iba a ser el primer acto en mucho tiempo.
Onganía, que gobernaba en esos días ya había anunciado que no tenía plazos sino objetivos. Estaba desterrada la actividad política y sindical. Krieguer Vasena había más que devaluado de entrada y hacía tres años que casi no había inflación; con una moneda barata muchas empresas argentinas pasaron en esos años a manos extranjeras. Dardo leyó la consigna de las FAP, "venceremos en un año, venceremos en diez, pero venceremos" y le pareció que diez años era una eternidad, al fin y al cabo era la mitad de su vida. En algún aspecto lo nuestro -pensó- se parece a lo de Onganía, prácticamente no hay plazos.
Todo era lento, Dardo recorría el barrio visitando a los viejos afiliados del Partido Justcialista. Un puntero le había dado copia de unos padrones ya amarillos de viejos. Con los nombres y las direcciones repartía el diario de la Juventud Peronista. No podía olvidar la cara de asombro, incertidumbre y hasta miedo en su primera visita a los compañeros. Pero ya eran muchas visitas, algunos no lo querían ver más, a otros no les importaba que volviera y los menos, empezaban a pedir que volviera. A esos se dirigió primero para invitarlos al acto.
El 26 de julio estaba todo listo. A las 19.00 horas en la plaza del barrio empezaron a llegar los distinto grupos, ninguno muy numeroso, pero finalmente se reunieron algunos centenares. Alguien habló, un dirigente del barrio. Todos tuvieron la sensación que lo importante no era quien hablaba, sino que efectivamente lo hacía. Después de muchos años el barrio rompía el silencio político. Algo empezaba a despertarse.
A las 20.25 hs se inició la marcha por la avenida principal hacia la estación. Se cantó la marcha en el trayecto, se prendieron algunas antorchas en homenaje a Evita, se repartían y se tiraban volantes.
Al llegar a la estación, lugar previsto para la desconcentración, se hizo la última parada con los parlantes de la camioneta a todo volumen.
Dardo observó en la ochava de la esquina a unos quince hombres parados, unos al lado de los otros, contra la persiana de un comercio cerrado, quietitos, sin participar. Decididamente los encaró. A uno por uno les entregó un volante en mano. Ninguno lo rechazó, tampoco hizo un gesto ni dijo nada.
Apenas se separó del grupo se le acerca agitado un compañero mayor que por lo menos lo duplicaba en años. Dardo, ¿que hiciste? te volanteaste a toda la cana.
Dardo giró la cabeza, el grupo se estaba dispersando junto con ellos sin reprimir.
Bueno, dijo, tal vez les sirva.
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