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Por: David Iud
Hoy, dos de enero, se cumplen ciento setenta y cuatro años del acto de guerra británico mediante el cual ha sido mutilado el territorio nacional. En una situación de plena paz, sin ningún motivo, sin que existiese situación conflictiva alguna, el dos de enero de 1833 un navío de guerra inglés expulso a las autoridades y guarnición argentina de Puerto Soledad, Islas Malvinas, dando comienzo a una ocupación ilegítima que aún continúa.
La agresión británica fue continuación de la agresión perpetrada contra la misma guarnición por navíos de guerra norteamericanos, que alegando defender un inexistente derecho al merodeo y la depredación por parte de balleneros y cazadores de focas de esa nacionalidad, atacaron las islas durante 1831 y 1832. Los hechos relatados fueron un hito más del conflicto internacional mas antiguo que afecta a la República, anterior incluso a la construcción de nuestra nacionalidad. Con raíces que se remontan a la guerra de sucesión española, a la confrontación inter-imperialista entre Francia e Inglaterra, tratando de sacar mejor tajada de un imperio español que caía, su continuidad constituye una rémora del imperialismo colonialista de los siglos XVIII y XIX.
No podrá decirse que América se ha liberado de la opresión colonialista mientras esta ocupación subsista. Desde 1833 se consuma en forma continua un acto de piratería consistente en el robo de recursos naturales pertenecientes a la Nación. Baten el parche los filibusteros con una supuesta eficacia administrativa y éxito económico, reflejado en un altísimo PBI de un “país” de fantasía que llaman “Islas Falkland”.
Ocultan que han mantenido una escasa población (2.500 habitantes aproximadamente, la misma que a comienzos del siglo XX). Con un territorio solo ligeramente superior, nuestra Tierra del Fuego muestra una población casi cuarenta veces superior, y un desarrollo económico consistente con tales cifras. La realidad es bien distinta del discurso de los usurpadores: fácil es, apropiarse por la fuerza de la riqueza ajena y mantener un puñado de beneficiarios que sin título alguno reparten entre su escaso número el producto de la rapiña para así presentar una mentirosa imagen de buena administración. Falaz es la aviesa tergiversación del concepto de autodeterminación con la que el usurpador pretende confundir. No hay derecho a la autodeterminación para los usurpadores que han expulsado a los legítimos dueños de un territorio. Los pretendidos derechos británicos sobre nuestra tierra son tan ridículos como si nosotros alegáramos algún derecho de propiedad sobre los geyseres de Islandia. En la historia de Malvinas, lamentablemente, debemos recordar a los que cayeron defendiendo la soberanía nacional en una guerra desigual. Fueron mandados a combatir sin posibilidades de éxito en aras de un objetivo que nada tenia que ver con la esencia del conflicto de Malvinas. Pocas veces como en esa oportunidad fue tan cierto el apotegma de Bismarck “La guerra es un asunto demasiado importante para dejárselo a los militares”. A 25 años de esa guerra falsamente emprendida por los militares genocidas del proceso, seguimos pagando las consecuencias del tremendo error político que ella constituyó.
La República debe examinar los efectos de la declaración conjunta del 15 de febrero de 1990 entre los gobiernos de Argentina y el Reino Unido, que anunció el restablecimiento de las Relaciones Diplomáticas entre ambos países, y debe estudiar el nivel en que dichas relaciones pueden desarrollarse Es falaz la fórmula del “paraguas de soberanía”, surgida de dicha declaración. No es nueva: En 1770 Su Majestad Católica, el Rey de España, consintió en devolver a Su Majestad Británica el derecho a mantener su asentamiento en Puerto Egmont “sin que ello afectara los títulos de soberanía sobre el territorio” que el Rey de España detentaba. Y no tiene ninguna correspondencia con la realidad fáctica: ni los argentinos, ni nuestro gobierno, dejamos de reivindicar nuestra soberanía sobre el territorio usurpado.
Al respecto: Constitución Nacional, cláusula Transitoria Primera: “La Nación Argentina ratifica su legítima e imprescriptible soberanía sobre las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur y los espacios marítimos e insulares correspondientes, por ser parte integrante del territorio nacional. La recuperación de dichos territorios y el ejercicio pleno de la soberanía, respetando el modo de vida de sus habitantes, y conforme a los principios del derecho internacional, constituyen un objetivo permanente e irrenunciable del pueblo argentino.” Y es ridículo que pueda hablarse de “amistad y cooperación” (Art. 3º de la Declaración mencionada) cuando uno de los países saquea los recursos del otro. Nadie es amigo de quien le roba a mano armada. La República debe tomar nota de quienes han sido sus hermanos en esta lucha, y quienes han apoyado, secularmente, al enemigo. Solo una adecuada estrategia política internacional, apoyada en la creciente integración de un continente que despierta a su efectiva independencia, podrá ayudarnos dada la desigualdad de poder de fuego frente al enemigo imperialista. Todos los argentinos debemos tener presente este día, ratificar nuestro compromiso con la expulsión del invasor, y hacerlo en la convicción de que, sin claudicaciones, eligiendo el camino político correcto, finalmente alcanzaremos el objetivo. |