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Construcciones Políticas y Proyecto Nacional Imprimir E-Mail
Escrito por Bernardo Tirelli   

Publicado en la Revista PERONISTAS para el Debate Nacional de agosto del 2006

La tarea política
El gran objetivo de nuestra política es el Proyecto Nacional, Latinoamericano y Popular. La tarea política es cómo se llega a él, cómo se prepara la fuerza político social para construirlo, para crearlo, para sostenerlo, para darle continuidad y proyección en el tiempo.

El rol de los partidos políticos, de la militancia, de las organizaciones sociales, del Estado, necesitan de una profunda y sana revisión para enfrentar el futuro sin fracasos. Reflexionar sobre la construcción política en nuestro país en el siglo XXI no puede hacerse sin una mirada retrospectiva y crítica sobre la política en el siglo XX, problemático y febril.

Tenemos una rica historia, partiendo desde las luchas por la independencia, pasando por la historia de los movimientos político sociales, por la historia del movimiento obrero, por los gobiernos populares de Irigoyen y de Perón , por las luchas de la resistencia a las proscripciones políticas y a los regímenes dictatoriales, atendiendo a las luchas por las conquistas sociales: donde tenemos hitos en los que tuvimos estado, producción, plena ocupación, sin pobreza, con derechos sociales y políticos, eso que se dio en llamar el estado de bienestar, donde la distribución del ingreso le otorgaba un 50 % a los trabajadores.
Y esto es sólo una parte de una larga lista de desarrollos políticos, sociales y populares con que se han enriquecido las raíces de nuestra construcción social como país. Sin embargo esta experiencia aún no fue suficiente.

Algo esta sucediendo que nos impulsa nuevamente a la necesidad de construir y luchar por el proyecto nacional y latinoamericano y eso que sucede tiene un origen más profundo que los cacerolazos de los sectores medios indignados por la confiscación de sus ahorros pidiendo que se vayan todos.
Esto nos lo esta marcando la profundidad de la crisis política de tan alta magnitud, y porque esta crisis de representatividad es ante todo una crisis de valores acentuada por los niveles de pobreza, de desindustralización y falta de trabajo, de endeudamiento, de cohesión social y hasta de cohesión territorial.
Por eso más que hablar de construcción política hay que hablar de reconstrucción. Y no es lo mismo. No es lo mismo porque esto significa reconocer un estado de situación del que hay que dar cuenta en su justa causa para entender con claridad donde estamos y porqué estamos así para poder aproximarnos a la posibilidad de acertar en los mecanismos necesarios para la reformulación del modo de ejercer la política en nuestro país.

Aprender del pasado
Después del derrocamiento del gobierno popular de 1955 los condicionamientos políticos por la proscripción y los sucesivos golpes de estado no fueron suficientes para diezmar la contundencia del movimiento nacional que expresaba el peronismo y su líder el Gral. Perón con sus firmes convicciones antiimperialistas y de justicia social. El peronismo, como decía Cooke, era el hecho maldito del país burgués porque el ejercicio pleno de la democracia implicaba sin vueltas gobierno popular.
Así se llega a 1973, con elecciones libres, donde en poco tiempo se producen dos situaciones, la primera la reversión rápida de mejores condiciones sociales y la puesta en marcha de resortes de la economía que restablecieron un justa distribución del ingreso y la segunda la convicción por parte de los enemigos de la patria de que no habían logrado, en tantos años, destruir las bases sociales y estructurales del país para que un gobierno popular, sobre esas bases, pudiera, en poco tiempo establecer un país más justo.
Esta convicción sienta los pilares del golpe del 24 de marzo del 76 que por estas razones es diferente a los anteriores ya que no se trataba simplemente de impedir que gobernaran los hombres del pueblo aunque primero, muerto Perón, intentaron la cooptación y el sometimiento del peronismo. El primer intento significativo fue con Isabel Martínez quién fracasó en la aplicación del plan económico liberal y en la represión e imposición violenta de esos objetivos, a pesar de los numerosos crímenes cometidos, a través de las AAA. Por tanto el golpe no fue contra Isabel Martínez a quien ya la habían ganado para la causa oligárquica, López Rega y Celestino Rodrigo mediante, sino que fue claramente un golpe contra el peronismo en todo lo que representaba.
Martínez de Hoz lo señaló con justeza cuando afirmó que venían por un cambio de mentalidad con la que querían sentar las bases de un nuevo modelo que perdurara en el tiempo. La destrucción del estado mediante la aplicación de los principios de subsidiaridad y apertura irrestricta externa con la secuela del endeudamiento y el aniquilamiento industrial tuvieron su correlato con la persecución y exterminio criminal de las bases sociales y políticas de millares de delegados de fábrica, activistas obreros y de jóvenes de la juventud política. La pérdida de la democracia no fue esta vez sólo la pérdida de los derechos políticos, .perder la democracia fue perder la soberanía a favor de intereses ajenos a la causa del Pueblo.
Entonces podemos señalar el primer concepto para la reconstrucción política que es reconocernos a nosotros mismos partiendo de un estado de situación común, una misma y cercana raíz histórica como causa de los problemas del presente.

Afirmar nuestras ideas
Mencionar a Martínez de Hoz, como uno de los padres de esta criatura perversa que heredamos, implica conocer también su pensamiento y sus argumentos que fueron compartidos por los mentores y actores de los cambios contra el país. La palabra que este personaje más usa es la palabra libertad, todos sus argumentos se expresan sobre la noción que sus acciones está orientadas a la conquista de la libertad. En la precisión de sus afirmaciones nos aclara que la búsqueda es la libertad individual y su expresión es la libertad de mercado, del ejercicio del comercio como uno quiera.
Estas afirmaciones no pueden menos que remitirnos a Hobbes y a Locke que como teóricos de la formación del estado inglés separando el concepto de soberanía del soberano nos han hecho saber hace tiempo que esta soberanía recaía en la sociedad y que la sociedad existía cuando dos hombres comerciaban. Así la soberanía del rey era trasladada a la burguesía emergente de la revolución industrial. La sociedad era la sociedad comercial y la libertad era la libertad de comerciar.
No pasaría esta de ser una cuestión más de debate teórico, como tantas, si con estos argumentos no se hubieran poblado los mares de piratas y de conquistas coloniales, si hoy Bush no invadiera territorios y desarrollara guerras criminales con los mismos argumentos, si la globalización de mercados no quisiera imponerse contra las naciones desprotegidas con estos argumentos, si Martínez de Hoz no hubiera impuesto estas ideas a sangre y fuego y poniendo el lobo, con libertad, dentro del gallinero y hoy entonces lloramos la destrucción de nuestra industria y la perdida de nuestra soberanía.
La fuerza de las armas y los crímenes cometidos fueron necesarios para aplicar los dos principios básicos con que se inspiraron: el de subsidiaridad del estado para declararlo ausente y de esa forma transferir sus recursos a los grupos económicos apropiadores y el de apertura irrestricta que destruyó la industria nacional y endeudó el país con graves pérdidas de soberanía. Rápidamente se generó una distribución regresiva de los ingresos.
Este es el segundo punto en que debe afirmarse la reconstrucción política, que es el debate de las ideas pensando en la recuperación de nuestras capacidades nacionales y en nuestra organización social popular para sustentarlas.

Terminar con la impunidad
El retorno de la democracia sin condicionamientos nos trajo la sorpresa de la derrota electoral del peronismo quien apareció frente a la opinión pública como un generador de conflictos más que como un articulador o conductor de las soluciones esperadas. Fue entonces al radicalismo al que le toco la responsabilidad de establecer el corte entre democracia y dictadura. Pero así como puso a los valores de la democracia como autosuficientes para ejercer la acción de gobierno al mismo tiempo fue incapaz de enfrentar políticamente a la dictadura que sucedía.
El juicio por violación a los derechos humanos, sin cuestionamientos a la pérdida de derechos políticos y soberanos, terminó con la claudicación por la promulgación de las leyes de obediencia debida y punto final y acercando el fracaso de su gobierno con hiperinflación y pérdida de ingresos.
Este final resultó consistente para la consolidación del modelo durante la década menemista por el alivio que significaba el fin de la inflación, el retorno del crédito, el aumento del consumo y la estabilidad del ahorro. En democracia los cambios producidos durante el proceso dictatorial se profundizan en particular con la ola de privatizaciones que fueron acompañadas de una apertura irrestricta al denominado proceso globalizador. Con el gobierno de Menem se completa gran parte de la obra iniciada por Martínez de Hoz basándose en los mismos principios.
El estado dejó de intervenir en prácticamente todos los asuntos para beneficio de los grupos económicos concentrados, se estableció un pacto de impunidad que pretendió legitimar lo peor de la dictadura mientras toda la clase política resignaba en otros el manejo de la economía. La pobreza resultaba una ecuación inevitable que sólo requería de buen manejo social mientras los convidados a la fiesta se repartían los nuevos negocios con los mentores económicos.
El menemismo consolidó lo que se dio en llamar el pensamiento único, decretó la muerte de las ideologías y pretendió reducir al peronismo a un partido demoliberal, entonces las prácticas políticas burocráticas y clientelísticas se hicieron lineales y necesarias para que sean representados abiertamente intereses extraños a su origen y emparentados con los de sus enemigos históricos. Esto afectó seriamente la identidad y la cohesión como movimiento nacional.
El peronismo vuelve a perder el apoyo popular pero la Alianza reduce los problemas del estado a una mera cuestión de ética y eficacia. Pareciera que todo se iba a resolver en función de restringir el abultamiento del bolsillo de los pantalones de Menem. Al reducir a estos aspectos su planteo político, consiguió el éxito electoral, pero más allá de los orígenes de gran parte de los dirigentes de la Alianza esto significaba la aceptación anticipada ideológica y cultural del neoliberalismo lo cual no hizo más que profundizar la crisis del estado.
Los partidos pasaron a ser secundarios y anticiparon la crisis de representatividad, la continuidad liberal afectó la gobernabilidad y precipitó la caída del gobierno aliancista.
Terminar con el pacto de impunidad es condición esencial para la credibilidad y la recuperación legitima de la acción política.

El gobierno del Pueblo
Para algunos puede parecer una perogrullada pero, porque no lo es para todos, es necesario afirmar que la organización de la política hoy no es una organización para la resistencia. No se hace para ganar el gobierno, este es nuestro gobierno.
Con Kirchner la política vuelve a ocupar el centro de la escena y a ser artífice del cambio que es necesario producir generando condiciones para que la práctica política recupere su sentido de servicio y de representación de los genuinos intereses del Pueblo. La conducción de la economía y de la política de derechos humanos han sido con Kirchner algunos de los pilares para terminar con la impunidad.
El tratamiento de la deuda y la independencia política frente al FMI no sólo recupera soberanía sino que comienza a sentar condiciones para la reorganización del movimiento nacional y la inclusión de los sectores sociales excluidos y damnificados por el proyecto liberal a través de las políticas de recuperación de trabajo y su participación política abre posibilidades de reconstrucción del movimiento popular.
El rol del estado es fundamental para restablecer una ecuación de equilibrio con justicia social en integridad territorial. No es como asegura el ex ministro Roberto Lavagna que el estado sólo debe dedicarse a la seguridad, la salud y la educación. El Estado es lo que es su Gobierno y este es en función de los intereses que representa. Si estos, como con Kirchner son la representación de los intereses del Pueblo y de la Nación lo que el estado debe hacer deja de ser un tema técnico para ser el gran tema político. O sea, garantizar las aspiraciones postergadas del Pueblo y de los intereses nacionales de los cuales jamás se va a ocupar el mercado.
La legitimidad de ejercicio del Gobierno recupera el valor de la política como único instrumento del pueblo para producir los cambios necesarios. Proyecto Nacional y Gobierno comienzan a encontrarse por primera vez después de muchos años por eso la reconstrucción política debe hacerse para el fortalecimiento del gobierno pero principalmente para afirmar un Proyecto Nacional.

El frente político y social
El Proyecto Nacional no es una formulación de un plan o de ejercicio de Gobierno, no es un producto de laboratorio a espaldas de la sociedad. El Proyecto Nacional es una construcción política y social con todos los sectores para establecer nuestra visión común del futuro deseado.
Siendo fieles al propio peronismo esta tarea es para todos, provengan o no del peronismo, de las grandes o pequeñas organizaciones sociales, de la ciencia, del trabajo, del mundo empresario, de cualquier rincón de la Patria.
Es necesario que haya profesionales, estudiantes, dirigentes sindicales y empresarios comprometidos políticamente con los destinos del país. Pero esta no es una tarea ni del sindicalismo ni del empresariado, esta es una tarea de la acción política. Así como también es necesario recuperar la participación comprometida y masiva de la juventud, los jóvenes deben poder apreciar los altos valores de la política basados en la entrega, el sacrificio, la solidaridad, el compromiso con el pueblo.
Esta acción política no es con los partidos políticos. La dirigencia partidaria aún está lejos de superar la crisis de representatividad y de ponerse a la altura de estas circunstancias. La construcción del frente debe realizarse más allá o más acá de los partidos políticos.
Es cierto que casi toda la vieja política, pasando por intendentes y gobernadores de todos los colores, adhiere al presidente pero esto no ha significado una mejora en la calidad de la representación de cara a la sociedad. Queda flotando la idea de la actitud oportunista de la adhesión a la alta popularidad que la gestión del presidente produce. La contradicción se supera con la adhesión, no retórica, no simplemente a la figura del presidente, sí a la formulación del Proyecto Nacional con todos los sectores.
Para algunos esto se resuelve, o se ha resuelto en las últimas elecciones, llamando a conformar la lista o a la integración en los gobiernos locales a algún dirigente de las organizaciones sociales. Es la novedad en la inclusión obligatoria y burocrática de la mujer y el sindicalismo. Una formalidad sin cambios.
No hay futuro sin Proyecto Nacional y no hay Proyecto Nacional sin frente político y social, el que se hará con los dirigentes a la cabeza o con la cabeza de los dirigentes. La recuperación de la unidad político social del pueblo para terminar con los factores de la Dependencia es la superación de la crisis de representación política, que está más cerca de acabar con los partidos políticos, gobernadores e intendentes, que de darles una nueva oportunidad de que se reciclen de acuerdo a los modelos europeos en centro izquierda y centro derecha.

Hay nuevas agrupaciones políticas que así lo han entendido, que tienen o no integración partidaria, pero que la calidad de la política que ejercen está dada por los intereses que representan y el compromiso social y cotidiano que asumen.
El futuro es con los que trabajen para la construcción de la fuerza política popular, nacional y latinoamericana cuya consecuencia sea la mejora en los niveles de representatividad y sea motor del cambio social que permita con todos los sectores la reformulación del Proyecto Nacional.

La consigna
Establecer la consigna es poner el primer objetivo a alcanzar. Es el punto de convergencia y de aglutinamiento de las fuerzas populares. Es fijar la medida del compromiso que por un lado termina con los gatopardismos pero que fundamentalmente permite evaluar avances, logros de reivindicaciones, éxitos de gestión y consolidar y cohesionar la fuerza popular en construcción que supere la debilidad con que hemos arribado al gobierno en el 2003.
Como dijimos venimos de una crisis de valores. Al individualismo y la especulación debemos oponerle la solidaridad y el esfuerzo compartido, a la disgregación social y territorial debemos oponerle la organización social que se produce por la recuperación de la cultura del trabajo, que significa trabajo digno con educación pública, producción y estado nacional.
El trabajo. Esta es nuestra consigna, está basada en nuestra memoria con la que aprendemos del pasado, está basada en la verdad que afirma nuestras ideas, está basada en la justicia que termina con la impunidad, está basada en la necesidad de reconstrucción del tejido social, en la convicción de que el gobierno es nuestro gobierno y en que la formulación del frente se hace para reestablecer el Proyecto Nacional.
Defensa y creación de trabajo. Alguien nos decía “que gobernar es dar trabajo y que nadie se hace rico endeudándose sino trabajando”. Nada tan simple. Nada tan complejo para establecer definitivamente como valor en nuestro país.
Desendeudarnos, no estar sujetos al FMI, proteger con medidas de cambio nuestra industria, fortalecer el MERCOSUR, preservar nuestros recursos naturales y energéticos, son entre otras las medidas para defender el trabajo.
Superávit fiscal volcado a la obra pública, estímulo para el resurgimiento de industrias madre como la naval, desarrollo científico y tecnológico autónomo, fortalecimiento de las pymes, reindustralización priorizando las zonas de pobreza, de bajo desarrollo y población son entre otras las acciones de creación de trabajo.
Del frente, aglutinado detrás de esta consigna, surgirán los líderes que el país necesita para garantizar un futuro que supere coyunturas, veremos entonces resurgir la autoestima, el saber que podemos desde nosotros mismos, asistiremos a la reconstrucción de la identidad nacional sin preocuparnos por las identidades partidarias. La política habrá recuperado su lugar para dignidad de nuestro Pueblo.
La defensa y creación de trabajo no tiene fronteras. Es también la consigna para encontrarnos en la tarea común con los pueblos y las organizaciones hermanas en Latinoamérica. La superación de la exclusión y la pobreza, de la desindustrialización, del endeudamiento, de la pérdida de identidad y soberanía son objetivos comunes.
La visión de San Martín y Bolívar renace hoy en los pueblos latinoamericanos. Junto a ellos asumimos la responsabilidad en la tarea política impostergable de la hora.

Bernardo Tirelli
Morón, 17 de julio de 2006

 
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