Próximos al centenario del descubrimiento del petróleo en Comodoro Rivadavia nuestro país se encuentra ante una gravísima situación. Nos han impuesto una política donde los recursos petroleros argentinos y la creciente renta de ellos obtenida, con el consiguiente poder que tal circunstancia implica, son apropiados por monopolios, básicamente extranjeros, al margen de los intereses nacionales. La gesta heroica del General Enrique Mosconi, que superando enormes dificultades derrotó a los poderosos trusts internacionales del petróleo, contrasta absolutamente con el momento actual.
Durante largos decenios nuestra YPF estatal, monopólica y eficiente fue cabal testimonio de la capacidad técnica y organizativa de los argentinos y su accionar permitió que sus utilidades y las medidas adoptadas por sucesivos gobiernos, a través de impuestos específicos, se apropiaran de las rentas derivadas del petróleo, a las que debemos nuestra infraestructura petrolera, gasífera, hidroeléctrica y vial; posibilitando además el desarrollo en los más lejanos rincones de la Patria.
Nos acercamos al 2007 con reservas y extracción en severa declinación tanto en petróleo como en gas. Explotación depredatoria, exportación de recursos que el país necesita imperiosamente, que transgreden claras disposiciones constitucionales y legales, que obligan a explotarlos racio-nalmente, contemplando las necesidades actuales y futuras y priorizando el abastecimiento interno; absoluta desaprensión por la situación de mediano y largo plazo caracterizan el panorama de los hidrocarburos. Sus consecuencias gravitan y gravitarán en todos los órdenes de la activi-dad económica argentina, en su desarrollo sustentable, en las condiciones de vida de sus habitan-tes y en el equilibrio ambiental. Este es el resultado de la política de privatización, desregulación, desnacionalización del sector energético y destrucción de las estatales Yacimientos Petrolíferos Fiscales, Gas del Estado y Agua y Energía Eléctrica, fundamentalmente.
De espaldas al país, concesionarias extranjeras lucran exportando recursos no renovables e importando ese mismo recurso desde otros mercados. Asimismo, deciden sobre la enajenación de los bienes concesionados utilizándolos como moneda de pago para la obtención de nuevas concesiones en nuestro propio país y en otras latitudes. De otro modo llegaremos al Centenario del descubrimiento del petróleo importando petróleo y gas de forma creciente. Resulta imprescindible otorgar a los hidrocarburos el carácter de bienes estratégicos y recuperar:
la propiedad y disposición de las riquezas hidrocaburíferas para la Nación, la totalidad de la renta hidrocarburífera obtenida de recursos no renovables, como son el petróleo y el gas, que son tan nuestros como los ríos, las montañas, nuestros bosques, nuestros recursos mineros y naturales, para volcarla al desarrollo de la infraestructura y la industrialización.
Sólo así podremos incrementar la producción, revertir la caída de las inversiones, la ausencia de exploración, la falta de Industrialización de los hidrocarburos, debiendo interrumpirse la exporta-ción de recursos que el país necesita y afrontar la gravísima crisis energética que se cierne sobre la Nación. |