PRINCIPAL arrow NACIÓN arrow ¿Qué país queremos? sábado, 05 de julio de 2008
Menú
LA FUNDACIÓN
ACTIVIDADES
EL PAÍS
LATINOAMÉRICA
NACIÓN
GOBIERNO
HISTORIAS
AGENDA
CARTA DE LECTORES
MICROEMPRENDIMIENTOS
CONTACTOS
Publicidad
Editorial
Enviar una Nota
Administrador
ADHESIÓN
ENLACES
Registro





¿Recuperar clave?
¿Quiere registrarse? Regístrese aquí
ANUNCIOS GOOGLE
ESTADÍSTICAS
Usuarios: 599
Noticias: 285
Enlaces: 5
Visitantes: 254942
¿Qué país queremos? Imprimir E-Mail
A propósito del lock out patronal del campo, nota de opinión de Bernardo Tirelli (*) , publicada en el diario Buenos Aires Económico del 1º de abril

El cierre patronal de las rutas agropecuarias abrió el debate. El conflicto, primero destapó y movilizó a numerosos productores que vieron la oportunidad de expresarse, luego se nacionalizó y trascendió al sector. Si todo conflicto es en esencia político este lo es más porque está llegando al fondo de las grandes cuestiones que como país debemos resolver.
El planteo de la eliminación de las retenciones tiene algunos ideólogos fundamentalistas que suelen expresarse en medios privados. Sus argumentos a favor de los grupos de elite y poder económico agropecuario merecen ser considerados para desnudar su mendacidad y su falsedad, pero principalmente porque apuntan a regresar al país del atraso y la exclusión a favor de unos pocos. Pasan de argumentar que las retenciones eran sólo una medida transitoria a decir que ahora ya son confiscatorias, siguen con la mención de los teóricos del Estado liberal y la sociedad comercial para terminar reclamando “la libertad del zorro que gusta de los espacios abiertos” y, claro, no nos dicen, que también el zorro gusta de los gallineros para en libertad exterminar a todas las gallinas.

Como sus argumentos técnico económicos resultan inconsistentes terminan apelando a la falsedad ideológica criticando el rol del Estado cuando la verdad histórica señala que la primera gran injerencia del Estado, incluso creando la Junta Nacional de Granos, no fue de un gobierno popular sino exactamente lo contrario. Fue el gobierno golpista que desplaza a Yrigoyen, quien, en la década del 30, crea los instrumentos pero volcados a favor de la oligarquía terrateniente. El instrumento o la medida técnica pasan ha ser secundarios, importa los intereses que se representan. Los mismos instrumentos creados por los liberales del 30 sirvieron para distribuir a favor de los sectores populares en la década del 50.
El debate pasa a ser un debate de valores, para ellos la sociedad está sustentada en el individualismo y la libre competencia. Niegan las evoluciones sociales y nos llevan a la ley de la selva, la del poderoso, la del libertinaje, la democracia para ellos pasa a ser de elite sin pueblo.
Por eso el fondo de todo esto es qué país queremos. Hoy se han creado las condiciones y existe la maravillosa oportunidad de restablecer un país más justo, con más producción y trabajo, con justa distribución del ingreso, sin pobreza, más digno, más soberano. Y, si esto es lo que está en juego, los valores con que se debe reconstruir la Nación no pueden ser los de la especulación individual, sino otros: los de la justicia, la solidaridad, la cooperación, valores que sin temor a equivocarnos abarcan a más del 90% del pueblo argentino.
 
El no paro
Aunque no se diga, todos sabemos que el campo sojero no paró; atrás de las tranqueras la soja sigue creciendo y se sigue acopiando. También se sabe, aunque se destaque poco, que si la convocatoria al cierre comercial de productos agropecuarios fuera contundente no sería necesario cortar las rutas e impedir el paso de estos. Con seguridad los tomates, las peras y demás producciones del campo que se pudren sin remedio dentro de las decenas de kilómetros de camiones parados por la fuerza del piquete patronal no vienen de Marte sino de productores que ignoraron o desafiaron la medida.
Los datos por todos conocidos en cuanto al crecimiento de la rentabilidad desde el 2003 en adelante están fuera de discusión y hablan a las claras de la importancia del sector en términos de intereses económicos.
Lo que no puede discutirse es la justicia de la captación de ganancias extraordinarias de un sector, beneficiado por razones diversas tanto de la coyuntura nacional como internacional, para ser utilizadas como herramientas de redistribución.
El incremento de los commodities en los últimos cuatro meses –de octubre a febrero– fue muy alto: la soja registró un incremento de casi el 70 por ciento; el girasol, 75 por ciento, y el maíz, 78 por ciento. Por esa razón la rentabilidad en febrero se había ido a las nubes. Y las presiones inflacionarias habían crecido en bienes sensibles de la canasta de alimentos de la población.


Soja
Girasol
Maíz
Trigo
Octubre 2007
1.404
1.927
1.042
1.084
Febrero 2008
2.240
2.395
1.779
1.392
Última Cotización
1.826
2.242
1.906
1.210





 

 (Rentabilidad en pesos por hectárea, luego de retenciones)
Fuente: Secretaría de Agricultura
 
 
Si resulta incuestionable la necesidad de la redistribución y contundente el aumento de rentabilidad del sector, lo que está en juego no es el presente sino el futuro. Tal vez así lo entendieron los medios, asociados a los monopolios exportadores y al sector financiero beneficiado con los negocios de los pules de siembra, que ejercieron una cobertura sesgada por la parcialidad y con clara intención desestabilizadora.
 
Separar la paja del trigo
Los cortes espontáneos en defensa del campo expresan también realidades diferenciadas al mismo tiempo que se agitan, con otros intereses, falsas contradicciones levantando la bandera del campo. No se puede considerar la protesta agraria, o del campo, como una expresión de un único sector social, homogéneo, con uniformidad de intereses distribuido en la vasta geografía de nuestro país.
No son lo mismo los grandes propietarios productores, ni los poderosos pules de siembra, que los pequeños y medianos productores de la pampa húmeda, o del litoral, del mismo modo que no se los puede comparar con los colonos chaqueños o santiagueños, para solo mencionar algunas de las dicotomías.
Si al proceso de sojización no se le quita rentabilidad hoy en la Argentina, no es negocio producir ninguno de los demás cultivos. Y cuando se le quita aparecen las diferencias entre sectores concentrados respecto de los que no lo son y se producen diferencias territoriales donde la rentabilidad es cuestionada por baja calidad agropecuaria de las tierras o por lejanía, dada la mayor incidencia de los fletes. Ciertas decisiones requerirán un mayor esfuerzo a la hora de analizar sobre quien van dirigidas, a quienes afectan y a quien benefician
Esto significa abrir el debate hacia adentro e implica no sólo adoptar medidas complementarias o rectificadoras sino empezar a definir proyectos de largo plazo, o sea a más de 20 años de desarrollo por regiones priorizando las subdesarrolladas y las actividades que combinen inteligentemente rentabilidad, tecnología y empleo.
Esto decididamente no es soja. No es soja, no porque la soja no incorpore tecnología, ya que un grano de soja tiene incorporada más tecnología e industria que muchos productos industriales que se siguen fabricando como hace cien años. No es soja porque nadie puede sostener con seriedad un proyecto de país basado en el monocultivo y la dependencia externa de mercados, un país para pocos, excluyente y soberanamente débil.
Que es entonces? Resolver esto implica iniciar el debate por el Proyecto Nacional y ello supone una mirada no solamente económica, tributarista, de cadena de valor o simplemente técnica. Se requiere una lectura profundamente política, porque los intereses en juego expresan también posiciones concretas respecto del poder político en nuestra sociedad.
 
La fabula del sapo y el alacrán
Como es sabido, el alacrán es un depredador natural del sapo. El alacrán se encontró con un sapo y le propone un pacto: si lo cruza al otro lado del río, donde le han dicho que hay comida, él no lo atacará. Cuando están en la mitad del río el alacrán le aplica una picadura mortal. El sapo desesperado y moribundo le increpa por qué ha hecho eso si con su acto ha determinado también su muerte. La respuesta que recibe del alacrán es "Lo siento es mi esencia".
La pregunta que nos hacemos es porque los pequeños productores subieron a su lomo al alacrán, teniendo en cuenta, además, que el alacrán argentino no se suicida, antes de picar mortalmente se procurará una hoja salvadora para llegar a la orilla. Tal alineamiento, por más que se intente hacerlo desde una diferenciación de la consigna, solo consolida la visión de los grupos económicos concentrados y su misión desestabilizadora
Además de señalar esta debilidad es imprescindible ver otras responsabilidades. Toda crisis, como esta, tiene la virtud de desnudar escenarios y posiciones y uno de los aspectos que quedó en evidencia es la orfandad de la política y de los políticos ausentes absolutos en este conflicto. Toda la clase política, de todos los partidos, estaba en los últimos meses en la reorganización burocrática partidaria ajenos a los debates y compromisos con los grandes temas nacionales. No alcanza con dos o tres actores importantes. La devastación de nuestro país también alcanzó a la política. Porque el intendente de un pueblo chacarero es probable que también sea chacarero y conozca a sus vecinos y sus problemas, pero él tampoco tiene con quién debatir y comenzar a construir un proyecto común. El país deseado, el de todos.
Mejorar la distribución del ingreso, incluyendo a los pequeños productores, significa cambiar las estructuras que siguen generando concentración económica. Esto debe hacerse con consensos mayoritarios que permitan crear un nuevo Estado. Superemos el debate entre la argentina especulativa y la productiva. Una argentina de producción y trabajo, un país territorialmente integrado y socialmente justo se realiza con la reconstrucción del Proyecto Nacional entre todos los sectores y actores sociales y productivos.
Esta no es una tarea exclusivamente gubernamental, es una tarea política, de los líderes sociales y productivos de todos los niveles, de los hombres y mujeres del conocimiento y de todos los que tiene un compromiso con la Patria.
Si la sensatez patronal vuelve a abrir las rutas de la producción que el debate a lo largo y ancho del país siga abierto.
Bernardo Tirelli es ingeniero con formación en planeamiento estratégico nacional. Es especialista en proyectos de inversión y desarrollo regional.
Integró el equipo que redactó el plan de gobierno de Néstor Kirchner, preside la Fundación Sur en Movimiento y es coordinador nacional del Movimiento Jauretche de Profesionales y Empresarios.
 
< Anterior   Siguiente >
Búsqueda Google
Google
www.sedronar.gov.ar

Últimas Notas
En Línea
Las Más Leidas
Suipacha 255 3er Piso F - TE (011) 4327 1878 -
IGJ Nº 284/05